jueves, 14 de junio de 2018


APUNTES  SOBRE  EL  GOBIERNO  #SÁNCHEZ  

Muchos han sido los calificativos (por lo general, elogiosos) que ha recibido el nuevo gobierno de Pedro Sánchez. Algunos, desde el lado de la izquierda, se han apresurado a calificarlo incluso de “gobierno de la dignidad”, un término de una evidente carga moral que no me gusta para el ámbito de la política, ya que al menor traspié (y ya lo ha habido) se vuelve contra quien alardea de ello. Ya ocurrió con los “cien años de honradez” del primer gobierno socialista de 1982 o con los gobiernos Aznar de 1996 y 2000 que alardeaban de ser los adalides de la lucha contra la corrupción, y también con los de Rajoy, ocurriendo ahora en el gobierno Sánchez con la dimisión del recién nombrado ministro Maxim Huertas por fraude fiscal.

Por eso, prefiero utilizar calificativos con menos significado moralista, y se me ocurre el de “gobierno estelar”, no sólo por haber incorporado al astronauta Pedro Duque, sino también por la constelación de figuras relevantes en sus correspondientes campos profesionales, destacando una mayoría de mujeres como rasgo significativo. Por eso, lo de "estelar" lo uso en términos sólo descriptivos y no valorativos.

A continuación expongo algunas reflexiones sobre las características más destacadas del nuevo gobierno.

a) Es un gobierno confeccionado por el propio Pedro Sánchez, sin mediar imposiciones ni cuotas partidarias, en contra de lo que suele ser habitual. No hay cuotas regionales, ni nombres impuestos por las baronías, sino personas seleccionadas por su valía y con independencia de su mayor o menor vinculación a la familia socialista (en su mayoría mujeres, en un claro mensaje a la gran movilización del 8 de marzo). La no militancia en el PSOE de muchos de los miembros del Gobierno es algo positivo, en el sentido de la independencia con la que pueden ejercer sus cargos ministeriales, pero no lo es tanto en lo que se refiere a trabajar como un equipo cohesionado en torno a un proyecto común. No será fácil gestionar un equipo "galáctico", con muchas estrellas fulgurantes poco acostumbradas a guiarse por la lógica política. Ese será un reto no menor para Pedro Sánchez.

b) Es un gobierno que no ha estado condicionado en su formación por pactos previos con las fuerzas políticas que apoyaron la moción de censura presentada por el grupo parlamentario socialista. Es, por tanto, un gobierno monocolor que sólo tiene el apoyo directo de unos escasos 85 diputados (los socialistas y el de Nueva Canarias), radicando en ello su fortaleza y su debilidad. Fortaleza por cuanto los ministros sólo deben lealtad al presidente Sánchez, que es quien los nombró. Mas también debilidad en tanto que el apoyo parlamentario es tan escaso, que sus comparecencias en las correspondientes comisiones del Congreso y el Senado serán sometidas a un duro escrutinio y a un fuerte control de los demás grupos, incluidos los que inicialmente se alinearon a favor de la censura contra Rajoy y que, una vez logrado el cambio de gobierno, se ocuparán en marcar espacio frente al PSOE y el gobierno socialista. Tendrán que esmerarse los ministros en preparar bien esas comparecencias, a sabiendas de que cualquier error será magnificado y criticado de manera feroz.

c) Lejos de ser un gobierno que refleja la sociedad española, como se han apresurado a comentar algunos analistas, es más bien un reflejo de las clases medias y, dentro de ellas, de unas élites profesionales que, sin duda, han construido sus carreras con su esfuerzo y sobre la base del mérito, más que por su pertenencia  a determinadas castas o dinastías. Entre esa constelación de figuras destacadas, es precisamente Pedro Sánchez quien presenta un perfil más cercano a la media de la sociedad española, por su edad, su trayectoria y su extracción social. Es un político “normal” al frente de un gobierno “estelar”.

d) Por ello, y dado que cada ministro estará ocupado en gestionar y dar lustre con su presencia al correspondiente departamento y dado también que a no pocos de ellos le falta el bagaje político de fajarse con la realidad de la calle, el papel de Pedro Sánchez adquiere un importante significado. Es él quien debería asumir la conexión con la sociedad que peor lo está pasando con los efectos de la crisis económica, mostrándose sensible a sus problemas y afrontando varios retos importantes: pobreza, desigualdad, brecha salarial, precariedad laboral, pensiones,…

e) Muchos de esos retos no podrán ser abordados en el escaso tiempo que el gobierno va a tener por delante, pero al menos Pedro Sánchez debería incluirlos de forma permanente en su agenda política, recordándolos siempre que tenga ocasión. La idea de crear un Alto Comisionado para la Pobreza Infantil, asociado a la propia presidencia de Gobierno, va en esa buena dirección, al igual que podría hacer con el problema del despoblamiento rural. Su decisión de acoger a los casi 600 inmigrantes subsaharianos del barco “Aquarius” es también una forma de mostrar sensibilidad a este tipo de asuntos, si bien debe luego canalizarlos hacia otras instancias (en este caso, al Consejo Europeo de las próximas semanas) para que no se quede en un mero gesto de buen voluntad.

f) Es un gobierno que tiene gran potencial para que el PSOE, después de dos años en estado de coma, pueda afrontar los comicios electorales, que, meses arriba, meses abajo, tendrán lugar de aquí a un año poco más o menos. Le bastaría con algunos gestos para darle a la población española la sensación de que ha merecido la pena el cambio de gobierno y de que se han abierto las ventanas de una casa común en la que el aire se había hecho irrespirable. Gestos como reformar la “ley mordaza” (sobre todo en lo relativo a los artículos que atentan contra el derecho a la libertad de expresión), cambiar algunas partes de la reforma laboral (como las que afectan a la negociación colectiva), llevar la pluralidad a la RTVE, asegurar al menos el poder adquisitivo de las pensiones, aprobar un nuevo modelo de financiación de las CC.AA.… se podrían llevar a cabo sin gran dificultad, ya que sobre muchos de ellos se habían alcanzado acuerdos previos en el Parlamento. Otros gestos tendrán que ver con el cambio de estilo y la rendición de cuentas, debiéndose mostrar Pedro Sánchez implacable con los casos de corrupción que puedan producirse y que ya se han producido.

g) Será también importante realizar algunos gestos para recuperar la normalidad en las relaciones con el gobierno de la Generalitat catalana, sin menoscabo de mantener la firme defensa del orden constitucional. Es verdad que los temas judiciales han de seguir su cauce (prisión preventiva de los políticos catalanes presos, peticiones de extradición de los políticos fugados, desarrollo de los autos de procesamiento, aperturas de juicio,…), pero la política tiene un espacio que debe ser usado para rebajar la tensión. El levantamiento del control de las cuentas de la Generalitat es un gesto, que no significa dejar de estar vigilante sobre cómo se gastan los recursos transferidos desde la Administración, al igual que se hace con cualquier otra Comunidad Autónoma. La nueva ministra de Administración Territorial (la catalana Meritxell Batet) está utilizando un lenguaje de diálogo, que abre puertas y reduce la confrontación, aunque todos sabemos que el independentismo es insaciable y que continuará con sus aspiraciones. Aun así, una reunión de Pedro Sánchez con Quim Torra en La Moncloa debe ser vista como una vuelta a la normalidad, si bien se le debe exigir al President no presentarse a esa reunión con el lazo amarillo en la solapa y sin antes haberlo retirado de la fachada del Palacio de la Generalitat.

h) Es también un gobierno preparado para recuperar la centralidad en los futuros debates europeos. Es verdad que Rajoy ha recuperado la imagen de España por su buena gestión de la crisis económica al cumplir los cánones marcados por la Comisión Europea, pero ahora toca ocupar también otros espacios y hacerlo con buenas propuestas e iniciativas y buscando situarse en el grupo de los que van a liderar el futuro de la UE tras el Brexit. Temas como la reforma de la UEM, la creación del pilar de defensa, la lucha contra el terrorismo yihadista, los acuerdos sobre cambio climático, el fortalecimiento del multilateralismo frente al repliegue proteccionista de los EE.UU. de Trump, la política migratoria, el desarrollo del pilar de justicia e interior (euro-órdenes), la reforma de la política agraria y pesquera,… son asuntos en los que el nuevo gobierno de España tiene cosas que decir, y debe decirlas.

En definitiva, tras la moción de censura del grupo socialista utilizando los instrumentos que permite nuestra Constitución, el nuevo gobierno presidido por Pedro Sánchez abre una interesante ventana de oportunidad para que entre aire fresco en la política española. No sabemos por cuanto tiempo, ya que se sustenta en una mayoría parlamentaria muy escasa, pero aprovechémoslo para introducir algo de serenidad en una sociedad demasiado polarizada como la española, antes de afrontar los grandes retos que tenemos por delante. Sirva también para que el PP realice la renovación que necesita, ya que la política española precisa de un partido conservador estable y bien cohesionado.

domingo, 13 de mayo de 2018


CINCUENTA   AÑOS   DE   LA ESCUELA   DE   INGENIEROS   AGRÓNOMOS   EN   CÓRDOBA

(versión ampliada del artículo publicado en el Diario Córdoba el 08/05/2018)


En los primeros años d ye 1960, cuando España avanzaba en su década desarrollista, se pone en marcha el proyecto de creación de una escuela de ingenieros agrónomos en Andalucía, región agrícola por antonomasia.

La elección de Córdoba se debió sin duda al empeño de su impulsor, el ingeniero agrónomo José Ruiz Santaella (1904-1997), natural del municipio cordobés de Baena. Su trayectoria como agregado agrícola en la embajada española en Alemania en los años 1940, y su prestigio profesional, le avalaban a la hora de hacer su propuesta ante el correspondiente ministerio.

Entonces, sólo existía la escuela de agrónomos de Madrid, como ocurría con la mayoría de las escuelas de ingeniería, y una recién creada escuela de Agrónomos en Valencia (que inició su actividad en el cuso 1960-1961). Crear otra escuela en la periferia era un proyecto osado, pero no carente de fundamento.

A finales de los años 1950 y principios de la década de 1960, el gobierno español había emprendido ya una política de modernización de la agricultura que, con criterio descentralizador y con un objetivo eminentemente práctico y empírico, se basaba en varios pilares.

Un pilar estaba formado por la política de concentración parcelaria, dirigida a las áreas de minifundio. Otro, por la política de colonización y transformación de zonas regales a través del INC (luego convertido en IRYDA), que permitió extender el regadío en las regiones latifundistas de secano sin alterar la estructura de la propiedad. El tercer pilar era la creación del Servicio de Extensión Agraria para llevar las nuevas técnicas de modernización agrícola directamente a los agricultores a través de oficinas de extensión asentadas en los territorios rurales, y a cuyo frente solía estar un ingeniero agrónomo. El cuarto pilar era la puesta en marcha de los primeros cimientos de un sistema de investigación agraria, a través de los diversos laboratorios que formarían más tarde la red de centros del INIA.

Todas esas políticas fueron financiadas con fondos internacionales (sobre todo, del Banco Mundial), gracias a los acuerdos de España con los EE.UU. tras dos décadas de aislamiento internacional.

La creación, tras la de Valencia, de otra Escuela de Ingenieros Agrónomos fuera de Madrid era, por tanto, un proyecto acorde con los nuevos tiempos del régimen de Franco, pero necesitaba del apoyo político y de los recursos económicos que lo financiara. Y ahí se produce un hecho a destacar, y que siempre me lo recordaba mi abuelo cuando comencé a estudiar Agrónomos.

Me refiero a la contribución que hicieron los propios agricultores a través de una derrama especial en su cuota a las entonces Hermandades de Labradores y Ganaderos. Esa cuota extraordinaria sirvió para contribuir parcialmente a la financiación del proyecto de la Escuela de Agrónomos y para que el gobierno de entonces decidiera ubicarla en la capital de la provincia de Córdoba, justo donde existía ya un incipiente centro de investigación agraria en los terrenos de la finca Alameda del Obispo (centro conocido en la ciudad como la Granja del Estado).

El proyecto se aprobó en 1963 y se puso en marcha en 1968. Para el primer claustro de profesores, Ruiz Santaella recurrió entonces a ingenieros agrónomos ya experimentados (funcionarios de la delegación de agricultura de Córdoba) y a jóvenes recién titulados de la escuela de Madrid y de la de Valencia.

Con esa combinación de veteranía y juventud echó andar la ETSIA, cuya primera promoción saldría en 1973, erigiéndose, junto a la Facultad de Veterinaria, en uno de los pilares sobre los que se asentará la futura Universidad de Córdoba. Años más tarde, en 1989, se ampliaría su oferta docente al incorporar la titulación de ingeniería de Montes, convirtiéndose desde entonces la ETSIA de ayer en la ETSIAM de hoy, plenamente integrada en el sistema público universitario.

En estos cincuenta años, los más de 6.000 egresados de la Escuela han renovado las estructuras funcionariales de las administraciones agrarias (tanto en el ámbito nacional como regional) y trasladado al sector privado una red cualificada de expertos y científicos bien formados y preparados para afrontar los retos del proceso de modernización en sus diversas fases.

La  Escuela ha sabido adaptar sus enseñanzas a los cambios que se han producido en el sector agroalimentario y forestal  y en el medio rural, así como a las demandas de la sociedad y a los retos del cambio científico y tecnológico.

Inicialmente, era una enseñanza orientada sobre todo a la formación de ingenieros agrónomos preparados para impulsar el desarrollo productivo del sector agrario a partir de los avances tecnológicos de la Revolución Verde de los años 1960 y 1970. Era ésta una revolución técnico-científica en el campo de la mejora vegetal, con importantes crecimientos productivos en determinados cultivos, como los cereales, gracias a las investigaciones desarrolladas en centros internacionales de investigación como el CIMYT de México, financiado por la Fundación Rockefeller y dirigido por el científico N. Borlaug, Premio Nobel de la Paz en 1970.

Más tarde en los años finales del siglo XX, se pasaría a unas enseñanzas más diversificadas, en las que lo agrario, lo forestal, lo rural y lo medioambiental tenían que ir de la mano para responder a los nuevos retos del desarrollo sostenible y la multifuncionalidad.

Desde el comienzo del actual siglo XXI, los retos se han ampliado, con el imparable avance de las nuevas tecnologías, la biotecnología, la cibernética, los big data,… que han revolucionado el modo de gestionar la agricultura y los espacios rurales. La emergencia de nuevos problemas como el cambio climático o la calidad y seguridad de las producciones alimentarias constituye otro desafío para la profesión de los ingenieros agrónomos y de montes.

A esos nuevos retos da respuesta la ETSIAM desde el campus universitario de Rabanales, ofreciendo una formación polivalente y cualificada a través de departamentos interfacultativos en los que se combina docencia e investigación y en un marco de creciente internacionalización.

Para ello colabora estrechamente con otras instituciones especializadas en el campo de la transferencia e investigación agraria, forestal y de desarrollo rural (como el IFAPA de la Junta de Andalucía o los centros del CSIC). En el caso de los dos institutos del CSIC ubicados en Córdoba (IAS e IESA), cabe señalar que, en su creación allá por la década de 1990, tuvieron un papel decisivo profesores de la ETSIA que apostaron por la colaboración institucional.

Asimismo, fue decisiva la participación de profesores de la ETSIA en la creación del ISEC (Instituto de Sociología y Estudios Campesinos) en los años 1980, un instituto universitario orientado a difundir las ideas de la Agroecología como reacción a los efectos negativos ya percibidos sobre el medio ambiente y la sostenibilidad de las explotaciones campesinas, del modelo agroquímico de la citada Revolución Verde.

Además, fiel a su espíritu originario de ser un escuela con una clara vocación de servicio a la sociedad, la ETSIAM ha mantenido una intensa relación con entidades públicas y privadas del sector agroalimentario y forestal, buscando sinergias con ellas y enriqueciendo con la actividad práctica la formación de sus estudiantes (denominaciones de origen, cooperativas, bodegas, almazaras, industrias agrarias, grupos de desarrollo rural,...)

Son cincuenta años de enseñanza de calidad, de investigación de excelencia y de compromiso social, que llenan de satisfacción a los alumnos que hemos pasado por sus aulas, y llenan de orgullo al sector agrario y forestal y a la propia ciudad de Córdoba, cuyo Jardín Botánico no habría sido posible sin la participación de los profesores de la Escuela.

Hoy, en un mundo cada vez más abierto y competitivo, una ETSIAM plenamente integrada en el campus de Rabanales de la UCO se esfuerza por ofrecer una enseñanza de calidad sabiendo que tiene que competir con otras escuelas y universidades dentro y fuera de España para atraer buenos alumnos y seguir estando en la vanguardia de la investigación científica. Ese es el reto que tiene por delante y en el que deberá concentrar sus esfuerzos y recursos en las próximas décadas.

domingo, 22 de abril de 2018


DE   #MÁSTERES   Y   #POLÍTICOS    
Otra    lectura   
(versión ampliada del artículo publicado en el Diario Córdoba el 21/04/2018)      

En memoria de Miguel Manaute,
quien fuera Consejero de Agricultura
de la Junta de Andalucía (1982-1990)
con sólo bachillerato elemental.



Aún recuerdo cuando, al comienzo de los años 1980, no pocos empresarios agrícolas se escandalizaban al ver cómo el presidente de la Junta de Andalucía (Rafael Escuredo) nombraba Consejero de Agricultura a Miguel Manaute, pequeño parcelista de El Arahal (Sevilla), sin estudios superiores que le avalaran.

Se preguntaban ¿cómo era posible que al frente de una Consejería tan significativa para Andalucía se pusiera a una persona iletrada con sólo bachillerato elemental, y no a un ingeniero agrónomo de prestigio? Luego, resultó que Manaute supo rodearse de un excelente equipo de técnicos y funcionarios, ingenieros, sociólogos y economistas, con capacidad más que sobrada para poner las bases de lo que es hoy la Consejería de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural de esta Comunidad Autónoma.

Traigo esto a colación con motivo del debate sobre el falso máster de Cristina Cifuentes y el asunto de los políticos que han “inflado” sus CV, e incluso falseado, en una carrera frenética por no sentirse descalificados ante la opinión pública si no muestran tener una licenciatura o un máster de postgrado. Dado que se ha escrito y hablado lo suficiente sobre ambos asuntos, no es mi propósito abundar más en ello, pero sí analizarlos desde una perspectiva que, en mi opinión, no ha sido tratada, y sobre la que expongo algunas reflexiones.

La "titulitis", como patología

En una sociedad, como la española de hoy, en la que crece el porcentaje de la población que tiene título universitario, es bueno que también lo tengan los que se dedican a la política, reflejando mejor la realidad social que representan. Pero no me parece acertado ni tampoco conveniente magnificar la importancia de los títulos universitarios en la política, ya que eso puede tener efectos perversos.

Está claro que tener un título académico no es garantía de buen político. Pero la realidad es que criticamos cuando se produce el nombramiento de un cargo político que no reúne títulos suficientes, y menospreciamos su experiencia en otras áreas, incluida la de la propia política.

El problema de la “titulitis” entre los políticos puede explicarse por varios factores, de los que me centro en dos de ellos. El primero, de efectos negativos, es la fuerte presión que los políticos reciben de la opinión pública, en el sentido de que si un político no tiene un título universitario, no se le considera capaz de ejercer eficazmente su actividad. Con la extensión generalizada de las licenciaturas, le exigimos incluso tener un máster para poder considerarlo capaz de desarrollar su tarea política. Se da la paradoja de que en una actividad, como la política, en la que no se pide ningún título académico para acceder a ella, es donde estamos ahora exigiendo que los políticos tengan títulos superiores (y a ser posible de postgrado) para recibir reconocimiento social.

Esta presión es uno de los factores que incitan a los políticos a sacarse másteres (y si es con buenas calificaciones, mejor) sin disponer de tiempo suficiente para dedicarle el esfuerzo que eso requiere. Para ello aprovechan las facilidades que ofrecen algunas universidades en los programas de postgrado, más preocupadas por captar alumnos (y hacer caja con el elevado coste de las matrículas), que por el rendimiento, calidad y excelencia del programa.

El otro factor explicativo, éste de carácter positivo, está relacionado con el deseo de aprender y mejorar su formación que muchos políticos sienten cuando ocupan cargos públicos de cierta relevancia y comprueban sus carencias en determinadas materias. Este sentimiento se da sobre todo en personas que desde muy jóvenes están en la política y que, debido a su temprana y plena dedicación a esta actividad, no han completado sus estudios o los han abandonado justo al terminar el bachillerato o en medio de una licenciatura.

En estos casos, resulta loable su afán por mejorar la formación, su inquietud por prepararse mejor para el desempeño de sus tareas políticas. No es criticable, por tanto, que se matriculen en cursos de especialización o másteres de postgrado, siempre que dediquen el esfuerzo y el tiempo que ello les exige. El problema está, como en la situación antes analizada, en que no disponen del tiempo necesario para realizar un estudio universitario de postgrado con la intensidad y dedicación que se les exige a los alumnos, y entonces buscan la fórmula de poder compatibilizarlo con su actividad política, aprovechando su influencia o redes clientelares con el mundo académico y las mencionadas ventajas que ofrecen algunas universidades.

El resultado de todo ello es doble. De un lado, aumenta la degradación de la actividad política, que se ve contaminada por la corrupción en un tema, como éste de la formación, tan sensible a la opinión pública y donde se supone que rigen los criterios del mérito y el esfuerzo. De otro lado, produce una degradación de nuestro sistema universitario, al ofrecer su cara más gris ante la falta de rigor y seriedad de algunas universidades en la concesión de títulos de postgrado por los que cobran elevadas tasas académicas y cuyos requisitos relajan cuando en ellos se matricula algún profesional muy ocupado o un político de cierta relevancia.

Catarsis

La indignación está servida y el daño está ya hecho. Sólo confío en que esto sirva de catarsis en un triple sentido.

En primer lugar, espero que la opinión pública rebaje su presión sobre los políticos respecto a la exigencia de títulos académicos como vía del reconocimiento social para ejercer su actividad, y valoremos más la experiencia y capacidad. Tener un título no es garantía de nada en el ámbito de la política. Se puede ser un excelente político sin tener másteres o títulos de postgrado; basta con saber escuchar la opinión de los expertos y rodearse de un buen equipo técnico en el desempeño de sus responsabilidades públicas, además, por supuesto, de ser capaz de tomar decisiones, que es la principal tarea de un político.

En segundo lugar, confío en que, tras esta catarsis, los políticos no “inflen” sus CV de manera innecesaria, sino que sólo reflejen en ellos sus verdaderos méritos, unos méritos que no tienen por qué estar relacionados con la posesión de un título de máster, sino con las capacidades adquiridas por su experiencia en otras esferas profesionales.

Y en tercer lugar, espero que todo esto sirva para que el sistema universitario ponga orden en sus estudios de postgrado, estableciendo los controles necesarios para garantizar la calidad y la excelencia de unos títulos por los que las universidades cobran elevadas tasas, pero que, en no pocos casos, dejan mucho que desear.

domingo, 8 de abril de 2018


INCERTIDUMBRE  ANTE  LA  #PAC  POST  2020 

(una versión reducida se publicó en el Anuario del Diario Córdoba el pasado mes de marzo)



Estamos ante un nuevo proceso de reforma de la política agraria común europea (PAC), que nos debe conducir a la PAC post-2020. Ya se han publicado los primeros documentos de la Comisión Europea, entre ellos la Comunicación “El futuro de la alimentación y de la agricultura” (del pasado 27 de noviembre), y la Comunicación (del 14 de febrero) con el marco financiero plurianual 2021-2027.

De las declaraciones del Comisario de Agricultura Phil Hogan, se podría esperar un escenario de continuidad con el propósito de mantener la estructura de la PAC (en sus actuales dos pilares) y de orientarla hacia una mayor simplificación. Sin embargo, más allá de este mensaje de continuidad, lo cierto es que el escenario en el que se va a negociar la PAC post-2020 es un escenario restrictivo en términos económicos y está cargado de factores de incertidumbre. Ello implicará cambios en la arquitectura de la PAC y conducirá a una reducción del presupuesto dedicado a la financiación de esta política común que, como sabemos, absorbe casi el 40% del gasto europeo (aunque sólo recibe un 0,4% del PIB de la UE-28).

El efecto Brexit

Uno de esos factores es el indudable efecto que va a tener el Brexit en el presupuesto común europeo, dado que el Reino Unido es contribuyente neto a las arcas de la UE. El Presidente de la Comisión Europea Jean Claude Juncker, en la presentación pública del marco financiero plurianual, afirmaba que el Brexit podría representar una reducción de entre 13.000 y 15.000 mil millones de euros anuales del presupuesto europeo, y que, si no se incrementan las aportaciones de los EE.MM., habrá una reducción inevitable de los recursos de la PAC.

La Comisión plantea tres posibles escenarios para la PAC: uno, de mantenimiento del status quo (el menos probable, ya que no habría forma de cuadrar las cuentas) y dos escenarios de recortes (uno, el más desfavorable, en el que se plantea una reducción del 30% del presupuesto de la PAC; y otro, algo menos desfavorable, con una reducción del 15%).

Las nuevas prioridades de la UE

Otro factor tiene que ver con las nuevas prioridades que hoy se plantea la UE. Unas prioridades están relacionadas con el nuevo modelo alimentario que demandan los ciudadanos europeos, tal como muestra la consulta pública promovida por el comisario Hogan (con casi medio millón de aportaciones).

Me refiero a temas relativos a la sanidad de los alimentos, a los problemas nutricionales, al coste medioambiental de las producciones agrícolas y ganaderas (huella ecológica), al consumo de agua, al bienestar de los animales,… Son temas que cada vez estarán más presentes en las orientaciones de la nueva PAC, por encima de los objetivos productivistas que le habían caracterizado en sus primeras tres décadas.

Otras prioridades guardan relación con los compromisos adquiridos por la UE tras la firma del Acuerdo de París sobre Cambio Climático en la COP 21 (diciembre de 2015) y con la agenda de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) (firmada en septiembre de 2015 en Naciones Unidas). Estas prioridades incluyen, entre otros objetivos, la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, el cambio del modelo de consumo energético,…

Más allá de las prácticas agrícolas del actual greening (planteadas desde una lógica interna para cubrir algunas carencias del modelo agrícola europeo), las nuevas exigencias de ahora responden a una lógica externa, a saber: la marcada por los citados compromisos del Acuerdo de París y de la agenda ODS.
  
A todo ello habría que añadir los grandes temas de política general que son hoy prioritarios en la UE y que absorberán una parte considerable del gasto europeo. Me refiero a las prioridades en defensa, control de fronteras, seguridad, biotecnología, digitalización y robótica, movilidad de los jóvenes, acogida a refugiados, inversiones en infraestructuras de comunicaciones (interconexiones eléctricas entre países, corredor mediterráneo,…),…

La PAC, ante un escenario de recortes

Todas ellas son prioridades que, sin duda, absorberán una parte considerable del gasto europeo, y que afectarán a la PAC. La cuestión es, por tanto, cómo distribuir los recortes dentro de la PAC, si cargándolos sobre el primer pilar (y dentro de éste, sobre los pagos directos del FEAGA o sobre los mecanismos de intervención asociados a la OCM única) o recortando los recursos destinados al segundo pilar (afectando al fondo FEADER, que es el que financia las acciones de desarrollo rural).

Lo más probable es que, una vez más, sea el segundo pilar de la PAC el más afectado, dada la mayor sensibilidad política que tiene todo lo relativo al primer pilar (en concreto, los pagos directos) y dado también que los intereses de los grupos de desarrollo rural están peor representados en Bruselas que los de los agricultores.

No obstante, es probable que también haya recortes en el sistema de pagos directos, e incluso algunos cambios. Se habla incluso de extender a todo el primer pilar de la PAC el modelo de “planes estratégicos” (similar a los actuales “programas operativos de desarrollo rural" del segundo pilar), un modelo que estaría basado en resultados y en “pagos por bienes públicos”.

Ello cambiaría la filosofía actual de los pagos directos y los convertirían en ayudas finalistas, es decir, ayudas asociadas a resultados y ligadas a los grandes objetivos de la UE (lucha contra el cambio climático, prevención de la erosión de los suelos, mantenimiento de la biodiversidad, generación de empleo, cohesión social, bienestar animal,…). Eso implicaría que los agricultores recibirían las ayudas directas a cambio de abordar determinados proyectos de innovación en sus explotaciones.

Hacia el final de una PAC sectorial

Todo esto marca, en mi opinión, el final definitivo de la política sectorial que ha caracterizado a la PAC desde su creación. Es un final que conduce a la transición hacia una política basada ya en una lógica territorial, alimentaria y de sostenibilidad ambiental, y más proactiva en la promoción del desarrollo y la cohesión social de los territorios rurales europeos.

Esto significa dejar el tema de la competitividad en manos de los agricultores y de su capacidad para desenvolverse en un mercado cada vez más abierto y globalizado, lo que tiene sus riesgos para el conjunto de la agricultura europea, ya que no todos los agricultores están en condiciones de afrontar por sí solos ese desafío.

Es por ello, que, en ese escenario, debería modificarse la actual filosofía de las ayudas directas (concedidas de forma generalizada) para concentrarlas en los agricultores que realmente las necesitan y asegurarles así la continuidad de su actividad (una especie de renta agraria de garantía), siempre a cambio de cumplir las condicionalidades antes comentadas.

La negociación está abierta. La Comisión Europea ha hecho sus deberes tomando la iniciativa y presentando las primeras propuestas para la PAC post-2020. Ahora es el turno del Consejo de Ministros de Agricultura y del Parlamento Europeo.

Será una negociación compleja a tres bandas (trílogos), y con la incertidumbre del resultado de las negociaciones del Brexit, sin las cuales no se podrá aprobar el marco financiero 2021-2027, ni, por tanto, tampoco los reglamentos de la nueva PAC. Otro factor de incertidumbre es el cierre de la actual legislatura europea y la celebración de elecciones al Parlamento en junio de 2019.

Todo esto hace aún más improbable que la PAC post-2020 pueda estar en marcha en 2021 como desea la Comisión Europea, y que se tenga que retrasar su aplicación prorrogándose unos años los actuales reglamentos. Veremos.

miércoles, 14 de marzo de 2018


LA  ENCÍCLICA   #LAUDATO  SI’   
SOBRE   ECOLOGÍA   INTEGRAL   

A los cinco años del acceso al pontificado, la encíclica Laudato si’ del Papa Francisco destaca como uno de los textos más relevantes de su papado. Se publicó en mayo de 2015, meses antes de la firma del Acuerdo de París sobre el Clima, con una clara intención de influir en esta cumbre internacional que acabó sustituyendo el Protocolo de Kioto (vigente desde 1997).

Es una encíclica de inspiración franciscana que comienza con la expresión Laudato si’ (Alabado seas mi señor,…), frase con la que se inicia el bello “Cántico de las criaturas” de San Francisco de Asís. En ella el Papa Francisco señala cómo el santo de Asís, en su hermoso cántico, nos habla de nuestra hermana tierra, “que nos sustenta y gobierna, y que produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas”.

La importancia de la Laudato si’ en la creciente preocupación por el medio ambiente radica en cuatro aspectos: i) su resonancia en la comunidad católica de creyentes; ii) su vocación de universalidad (al ser una apelación al conjunto de los ciudadanos, sean o no católicos); iii) su contribución a la conciencia ambiental, y iv) la articulación de su contenido temático en torno a un discurso ecológico integral.

Su resonancia y vocación de universalidad

Respecto a su resonancia, es obvia la importancia que tienen las encíclicas papales, dada la amplitud de la comunidad católica de creyentes (la primera más grande del mundo, con casi 1.300 millones de fieles, según datos del Anuario Pontificio de 2017, que equivalen al 17,7% de la población mundial). Su influyente red capilar extendida por los millares de parroquias que existen por todo el mundo, así como de los centros de enseñanza católica y de las diversas entidades asistenciales dependientes de la Iglesia, la convierte en una potente fuerza de concienciación social.

Así ocurrió con la Rerum Novarum (1891) de León XIII y la Quadragesimo Anno (1931) de Pío XI (que tuvieron un efecto relevante en la participación social y política de los católicos impulsando la creación de la democracia cristiana y los movimientos de acción católica). También, con la Pacem in Terri (1963) de Juan XXII (que impulsó el apoyo de la Iglesia al cambio democrático en países de regímenes dictatoriales) y la Populorum Progressio (1967) de Pablo VI (que supuso el reconocimiento de los problemas de la pobreza como efecto del modelo de desarrollo económico y la implicación de los católicos en la lucha contra las causas del subdesarrollo).

Pero, a diferencia de otras encíclicas, destinadas en exclusiva a la comunidad de creyentes, la Laudato si’ no se dirige sólo a los católicos, sino que su finalidad es promover el diálogo entre creyentes y no creyentes en torno a los temas relacionados con la protección y conservación del medio ambiente, radicando ahí su singularidad.

De hecho, en sus primeras líneas el Papa Francisco señala que es necesario entrar “en diálogo con todos sobre nuestra casa común”, y recuerda también cómo otras iglesias y comunidades cristianas, así como otras religiones, han “desarrollado una profunda preocupación y una valiosa reflexión sobre el tema de la ecología”.

Su contribución a la conciencia ambiental

Otra particularidad de la encíclica Laudato si’ es que, a diferencia de los informes científicos (centrados en aspectos parciales o sectoriales), aborda el tema ecológico de un modo integral. Es decir, hace referencia no sólo a su dimensión afectiva (sentimiento de identificación con los problemas ambientales), sino también a sus dimensiones cognitiva (conocimiento) y activa (conducta) y a todo lo relacionado con las políticas públicas.

La dimensión afectiva de la conciencia ambiental se observa ya en los primeros párrafos de la Encíclica cuando señala que nuestra “hermana tierra clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella”.

Añade el Papa Francisco que “hemos crecido pensando que somos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla”, y que hemos olvidado que “nosotros mismos somos tierra, y que nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta: el aire, que nos da el aliento, y el agua, que nos vivifica y restaura”.

En este bello preámbulo, la Encíclica apela a los sentimientos de identificación de todos los seres humanos con la naturaleza, y manifiesta su preocupación por el deterioro y expolio que sufren los recursos naturales del planeta, generando una relación de empatía y orientando las conductas de los ciudadanos hacia un uso racional y sostenible.

Pero la encíclica aporta también información para que la conciencia ambiental se desarrolle sobre bases científicas y objetivas. En ella, el Papa Francisco asume los descubrimientos científicos más recientes en materia ambiental, y los desarrolla en varias secciones. En ellas, no sólo trata de los problemas que suelen llamarse “macro-ecológicos” (cambio climático, capa de ozono, deforestación,…), sino también de los micro-ecológicos (gestión del agua, incendios forestales, residuos sólidos, abandono de los campos,…).

El Papa Francisco se sitúa claramente del lado de los avances científicos que reconocen el problema del cambio climático.  El eco que este posicionamiento puede tener dentro de la comunidad católica es de una importancia extraordinaria, ya que da argumentos sólidos a los creyentes para salir al paso de los que “niegan” la evidencia del calentamiento global. Además, exhorta a los pastores de la Iglesia a concienciar a la comunidad de fieles en el sentimiento y preocupación por los problemas ambientales, haciéndolos partícipes del "cuidado de la casa común” de la que habla el Papa Francisco y que es el subtítulo de la Laudato si’.

Asimismo, la Encíclica denuncia la falta de utilidad de las políticas públicas debido a la prioridad que se le suele conceder a los intereses económicos, y apela a la ciudadanía para que exija de los gobernantes políticas más eficaces en los temas ambientales. En este sentido, el Papa Francisco reflexiona sobre el modelo tecnológico imperante, reconociendo que, si bien la tecnología contribuye a la mejora de las condiciones de vida, da “a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico de utilizarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del planeta entero”.

Por ello, denuncia las lógicas del dominio tecnocrático por cuanto son las que, en su opinión, llevan a destruir la naturaleza y a explotar a las personas y las poblaciones más débiles. Señala, además, que “el paradigma tecnocrático tiende a ejercer también su dominio sobre la economía y la política” impidiéndonos reconocer que el “mercado por sí mismo no garantiza el desarrollo humano integral ni la inclusión social”.

Todas esas reflexiones convergen en el reconocimiento de que en nuestra época hay un exceso de antropocentrismo, en la medida en que el “ser humano ya no reconoce su posición justa respecto al mundo, asumiendo una postura autorreferencial, centrada exclusivamente en sí mismo y en su poder”. De ahí, según la Encíclica, se derivaría una lógica de “usar y tirar”, que justifica todo tipo de “descarte” (sea éste humano o ambiental) y que trata al otro y a la naturaleza como un simple objeto, conduciendo a otras formas de dominio.

Esta lógica deriva, en opinión del Papa Francisco, a problemas tales como la explotación infantil, el abandono de los ancianos o el reducir a otros a la esclavitud. Además, conduce a sobrevalorar las capacidades del mercado para autorregularse o a practicar la trata de seres humanos y el comercio de pieles de animales en peligro de extinción, “diamantes ensangrentados” o materias primas de gran valor para los países ricos.

En esa misma línea, el Papa Francisco denuncia la “concentración de tierras productivas en manos de pocos” o el acaparamiento de tierras con fines especulativos en Africa por parte de grandes inversores o incluso de las grandes potencias (land grabbing), pensando en concreto en los pequeños campesinos de los países en vía de desarrollo.

Su contribución a la Ecología integral

El núcleo de la Encíclica es, en definitiva, su apuesta por una Ecología Integral como nuevo paradigma de justicia, una ecología que “incorpore el lugar peculiar del ser humano en este mundo y sus relaciones con la realidad que le rodea”.

Para el Papa Francisco hay un vínculo entre los asuntos ambientales y las cuestiones sociales, por lo que “el análisis de los problemas ambientales es inseparable del análisis de los contextos humanos, familiares, laborales, urbanos,…”. “No hay dos crisis separadas: una, ambiental, y otra social”, señala, “sino una única y compleja crisis socioambiental”.

Para el Papa Francisco, la “Ecología Integral” debe tener efectos en la vida cotidiana y los hábitos de comportamiento de los ciudadanos. En el capítulo V de la Encíclica se afronta la pregunta de qué podemos hacer, ya que, como dice el Papa, “los análisis no bastan, sino que se requiere propuestas de diálogo y acción que involucren tanto a cada uno de nosotros, como a la política internacional, para que nos ayuden a salir de la espiral de autodestrucción en la que nos estamos sumergiendo”.

No obstante, plantea que la construcción de caminos no se puede afrontar de manera sectaria, superficial o reduccionista, siendo indispensable el diálogo. Por ello, plantea la necesidad de contar con nuevos sistemas de gobernanza global para toda la “gama de los llamados bienes comunes globales”, ya que, en su opinión, “la protección ambiental no puede asegurarse sólo en base al cálculo financiero de costes y beneficios”. El medio ambiente, afirma, es “uno de esos bienes que los mecanismos del mercado no son capaces de defender o de promover adecuadamente”.

Finalmente, pone énfasis en la educación y la formación como base para afrontar lo que el Papa Francisco llama la “conversión ecológica” apelando al papel de la escuela, la familia, los medios de comunicación, la catequesis,… en esa necesaria conversión".

La conclusión es, como ya lo planteó en su exhortación Evangelii Gaudium (2013), “apostar por otro estilo de vida”, que abra la posibilidad de “ejercer una sana presión sobre quienes detentan el poder político, económico y social”. Por ello, apuesta por impulsar cambios en los hábitos y comportamientos cotidianos, desde la reducción del consumo de agua a la separación de residuos o el ahorro energético en los hogares.

“Una ecología integral, dice, también está hecha de simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento o del egoísmo”. En este sentido señala que “la sobriedad que se vive con libertad y conciencia, es liberadora” y aboga por lo que ahora se denomina “economía circular”, como antítesis de la economía del descarte y del consumismo sin límites y del despilfarro, que ha dominado nuestras vidas en el último siglo, situándose en sintonía con los movimientos slow-slow tan extendidos hoy en día.

Potencialidades y limitaciones

En este tipo de documentos que se sustentan en una base moral, cabe siempre preguntarse sobre sus potencialidades y limitaciones. Tal como ha ocurrido con las encíclicas ya mencionadas, no hemos de infravalorar su potencial, dada la gran amplitud y extensión de la comunidad católica. De hecho, la amplia red de entidades vinculadas a la Iglesia católica constituye un formidable tejido de concienciación social a través del cual los principios y argumentos de la encíclica Laudato si’ en pro de la defensa y protección del medio ambiente pueden extenderse removiendo conciencias y orientando las acciones ciudadanas tanto a nivel individual como colectivo.

Sin embargo, a pesar del potencial que encierra, son evidentes las limitaciones de la Laudato si’, y más en asuntos que tienen que ver con el modelo económico dominante, un modelo cuya lógica se fundamenta en la búsqueda del beneficio individual, y en el hecho de que para lograrlo no le importa expoliar sin freno los recursos naturales.

De ahí que las limitaciones de la Laudato si’ son innegables, ya que la lógica del modelo económico capitalista está interiorizada en el conjunto de los ciudadanos y se impone en las acciones de los gobiernos como una lógica inexorable que no podría modificarse a riesgo de generar problemas de falta de crecimiento económico y de provocar desempleo.

No obstante, en un momento como el actual en que son los grandes actores del propio sistema económico los que comienzan a tomar conciencia de los límites del actual modelo de desarrollo y de sus efectos perniciosos sobre el medio ambiente, una encíclica como la Laudato si’ tiene un gran potencial como soporte moral de los gobernantes, así como elemento activador de la conciencia ciudadana e impulsor de cambios en las actitudes y comportamiento de la población.

domingo, 11 de febrero de 2018


#BIENESTAR  #ANIMAL  
Breve aproximación desde la Sociología



El interés y la preocupación por el bienestar de los animales son sentimientos tan antiguos como la propia historia de la humanidad, sin que ello haya sido incompatible con el hecho de existir en múltiples culturas diversos ritos en los que el sacrificio de los animales constituye un eje central, ritos que aún perduran (como ocurre en España con los toros en sus diversas modalidades).

No obstante, el modo y la intensidad de expresar tales sentimientos han variado en las distintas civilizaciones en función de cómo haya sido percibida la relación de los seres humanos con los demás seres vivos.

En este asunto ha habido siempre controversias ideológicas entre los llamados “veganos” y los “bienestaristas”. Mientras que los “veganos” reconocen a los animales derechos similares a los de los seres humanos, los “bienestaristas” no se lo reconocen, siendo sólo partidarios de mejorar sus condiciones de vida, aceptando que puedan sacrificarse con fines alimenticios y ser utilizados con fines médicos o científicos.

Independientemente de estas posiciones respecto a la relación de los seres humanos con los demás animales, es un hecho que dicha relación ha ido evolucionando a lo largo del tiempo conforme han ido cambiando los modelos de desarrollo y la percepción del papel a desempeñar por los animales en la sociedad.

De relacionarse con los animales en la Edad Antigua en tanto que objetos de caza o pesca para satisfacer las necesidades básicas de proteínas, se pasó a una relación de carácter más utilitarista en la que el hombre utilizaba determinadas especies de animales para la labranza, la carga y el transporte (équidos, bóvidos, camélidos, e incluso cérvidos y perros en regiones árticas y de Norteamérica; caballos, asnos, mulos, bueyes,…), para la guerra, la guarda o la defensa (équidos, camélidos, perros, caballos y hasta elefantes,…), para la comunicación (palomas mensajeras,…) o incluso para el ocio y la compañía (aves de cetrería, pájaros, perros, gatos,…)

Mientras que, en la caza o pesca, el animal útil era el animal muerto, en las otras actividades el valor de los animales radicaba en su fuerza, destreza, habilidad o capacidad de comunicación. En estas otras actividades el interés principal consistía en mantenerlos no sólo vivos, sino en buenas condiciones de vida, ocupándose de su cuidado y alimentación.

El desarrollo de la ganadería con fines comerciales significó un cambio en la relación con los animales, percibiéndose desde entonces como seres vivos cuya utilidad no radica en el animal mismo, sino en los productos que genera (huevos, leche, carne, lana,…). De ahí que el bienestar del animal pasó a un segundo plano en aras de la mayor eficacia en la obtención del rendimiento productivo asociado al mismo.

En ese contexto de la ganadería comercial, lo importante no es saber si las condiciones del animal en la granja contribuyen o no a su bienestar, sino si las condiciones de la granja son las adecuadas para obtener la máxima productividad del animal en cautividad.

De ese planteamiento basado en el principio de la productividad y la eficacia económica se ha ido pasando a un planteamiento basado más en una lógica de eficiencia. Según esta lógica, no siempre las condiciones más eficaces para el logro de la máxima producción son las más eficientes si se tienen en cuenta todos los costes y se consideran, además, los efectos indirectos que provocan determinados modelos de ganadería intensiva (en materia de propagación de enfermedades, de muerte de animales en la granja y en el transporte,…).

Paralelamente, se ha ido extendiendo la presencia de los animales en el medio urbano con fines recreativos, de ocio o de mera compañía (mascotas), al tiempo que se ha ido produciendo un progresivo alejamiento de la población urbana respecto del papel desempeñado históricamente por los animales en la cultura rural (en la que el sacrificio animal era intrínseco a ella).

En ese contexto, va predominando la lógica del cuidado y la conservación de los animales, procurando ofrecerles un buen entorno de bienestar y buenas condiciones de vida, lo que tiene una influencia decisiva en el aumento del interés por el bienestar animal.

Entre el medio urbano y el medio rural cabe ubicar, además, todo lo que es la actividad cinegética o pesquera, que representa otro importante ámbito de interés en el tema de la relación del hombre con los animales. Cabe mencionar el tema de los animales de los zoológicos o el de los utilizados en laboratorio para la realización de experimentos en el ámbito de la medicina humana o veterinaria, o de las ciencias naturales en general. Por último tenemos todo lo relativo a los animales utilizados en la práctica deportiva (caballos, galgos,...) o como objeto de fiesta (toros, vaquillas,...)

Un tema complejo y diferenciado

Toda esa variada gama de situaciones explica que el tema del bienestar de los animales sea un tema complejo, sobre el que no cabe generalizar. Por eso hay que partir del reconocimiento de que es un tema controvertido que se adentra en los terrenos de la ciencia, la ética, la política, la cultura, la economía, la salud,…

Se reconoce también que es un tema de difícil aplicación práctica, por cuanto no resulta fácil establecer los parámetros adecuados que midan el estado del bienestar animal en las distintas especies y sectores productivos.

Dada la diversidad y complejidad del tema, así como la importancia económica del sector ganadero y de las industrias cárnicas (más del 20% de la cifra de negocio del sector de alimentación y bebidas y el 20% de generación de empleo), se comprende que la aproximación al mismo se esté haciendo de manera gradual (paso a paso), promoviéndose análisis e investigaciones según las grandes categorías de escenarios (granjas, laboratorios, zoológicos, caza y pesca, hogares, deporte,…) y estableciéndose protocolos específicos para cada tipo de casos.

Un tema de interés social

El interés y preocupación por el bienestar de los animales ha ido creciendo en las sociedades modernas (especialmente en las de mayor nivel de desarrollo), tal como se manifiesta en diversos ámbitos (sociales, políticos y religiosos).

Así, por ejemplo, es evidente el auge de los movimientos animalistas, que se refleja en las numerosas publicaciones sobre este tema y el alto nivel de ventas que alcanzan (cabe destacar el éxito del “Manifiesto animalista. Politizar la causa animal” de la francesa C. Pelluchon). Las múltiples reacciones en las redes sociales al reportaje del programa “Salvados” del periodista Jordi Evole, emitido el pasado domingo en La Sexta, son ilustrativas de la sensibilidad social ante este tema, y la controversia que genera.

En el ámbito político, el crecimiento del interés por el bienestar animal se manifiesta en el importante número de votos que el partido animalista (PACMA) obtuvo en las elecciones de 2016 en España (sus casi 300 mil votos lo situaron en primer lugar entre los partidos sin representación parlamentaria). Asimismo, la moción aprobada por unanimidad en el Congreso de los Diputados el pasado diciembre para que se reconozcan jurídicamente a los animales como seres vivos, y se modifique a ese respecto el Código Civil, es indicativo de ese crecimiento, algo que ya se ha hecho en países como Alemania, Austria, Suiza, Francia y Portugal.

En todo aso, la extensión del interés por el bienestar animal ha alcanzado incluso al mundo de la ética y los valores religiosos, como muestra los capítulos que el Papa Francisco dedica a este tema en su encíclica Laudato si’, inspirada en el “Cántico de las Criaturas” de San Francisco de Asís.

No obstante, es interesante el debate entre ecologismo y animalismo. Así, destacados dirigentes ecologistas, aun reconociendo sus puntos de encuentro entre ambos movimientos, mantienen una posición crítica respecto al animalismo señalando sus diferencias en lo que se refiere a la eliminación de los animales.

Una de esas diferencias radica en el hecho de que, mientras que el ecologismo tiene una visión más sistémica y orientada a la preservación de la naturaleza y el equilibrio de los ecosistemas, el movimiento animalista es "antiespecista" (es decir, no distingue entre unas especies y otras), centrando su defensa en "todos" los animales. Ello hace que, a diferencia de los animalistas, los ecologistas acepten sacrificar determinados animales si es en beneficio de mantener el equilibrio en un determinado hábitat. Recomiendo la lectura del informe publicado en El Independiente
(www.elindependiente.com/futuro/2018/02/25/los-animalistas-no-son-ecologistas/

El bienestar animal en la opinión pública europea

En lo que se refiere a la opinión pública europea, y centrándonos en los animales de granja, los Eurobarómetros de 2005 y 2007, y el más reciente de 2016 muestran cómo se consolida el interés por este asunto, si bien reflejan también las importantes diferencias y variaciones entre países y la influencia de los factores sociodemográficos, educativos y culturales.

Por ejemplo, alrededor del 62% de los consumidores europeos se manifiesta dispuesto a cambiar sus hábitos de compra a fin de adquirir productos que sean más respetuosos con el bienestar animal. Además, el 43% declara tener en cuenta el bienestar animal alguna vez o cada vez que compran carne y tres de cada cuatro consumidores opinan que sus decisiones de compra pueden repercutir de manera positiva en el bienestar de los animales.

Los consumidores consideran también que existe una clara relación de dependencia entre el bienestar de los animales y la calidad de los alimentos. Casi la mitad percibe que los alimentos producidos con arreglo a normas elevadas de bienestar de los animales son de mejor calidad.

Los mencionados Eurobarómetros también muestran que el interés y preocupación depende del tipo de animales, ya que no todos los sistemas de producción se perciben de igual modo en relación con sus efectos sobre el bienestar animal. Así, mientras que dos de cada tres encuestados (66%) valoran como positivo el sistema de producción de las granjas de vacuno de leche y casi la mitad (46%) el de las granjas de porcino, ese porcentaje desciende al 22% en el caso de las granjas avícolas (en este caso, el 64% lo valoran como negativo). 

Casi la mitad de los ciudadanos de la UE mencionan a las granjas de gallinas en batería, de pollos y de cerdos en estabulación, como las que más necesitan mejorar sus sistemas de producción en lo que respecta al bienestar de los animales, lo que confirma que es en estos sectores donde se concentra la mayor preocupación ciudadana.


ANEXO para seguir leyendo

Las causas del interés por el bienestar animal

El creciente interés de la opinión pública por el bienestar animal responde a varios factores: unos, relacionados con el cambio de valores culturales, y otros, vinculados a las implicaciones sanitarias y económicas de los modelos intensivos de producción.

a)  Factores culturales

Los cambios culturales que se han dado en la ciudadanía europea en los últimos cincuenta años están muy ligados al avance de los llamados valores postmaterialistas en las sociedades contemporáneas (sobre todo, en los estratos de más nivel de estudio y más renta). En materia de alimentación, los valores postmaterialistas son los que explicarían, por ejemplo, que los consumidores se interesen por el origen y trazabilidad del producto, y comparen no sólo el precio, sino también la calidad.

Esos valores son los que explicarían también que se preocupen por el modo como se organiza la producción (si están garantizados los derechos laborales, si no se perjudica al medio ambiente,… si no se someten a los animales a una crueldad innecesaria….). El consumidor adquiere de este modo conciencia por temas que, antes, no entraban entre sus preocupaciones y que ahora tiene en cuenta a la hora de decidir qué consumir y qué precio estaría dispuesto a pagar por los productos que adquiere en el mercado.


Además, la ya citada expansión de los animales en el medio urbano con fines recreativos, de ocio o mera compañía, y el progresivo desconocimiento del papel desempeñado históricamente por los animales en la cultura rural (en la que el sacrificio animal era intrínseco a ella), contribuye al predominio de la lógica del cuidado y la conservación de los animales, influyendo de modo decisivo en el aumento del interés por el bienestar animal.

b)  Factores sanitarios

Pero más allá del avance de esos valores de naturaleza ética, el tema del bienestar de los animales no se habría extendido si no hubiera sido por la consideración de otros factores de naturaleza más instrumental.

Uno de ellos es la detección de problemas de índole sanitaria y el desarrollo de enfermedades provocadas por el hacinamiento de los animales en las granjas industriales y por el modo hiperintensivo en que se gestiona el proceso de cría, cebo y producción. En este sentido, expertos veterinarios indican problemas de estrés en los animales de granja, generados por las malas condiciones de habitabilidad y manejo de las explotaciones ganaderas, lo que provoca una disminución de la resistencia inmunológica y, en consecuencia, la agudización de procesos patológicos latentes.

Si tenemos en cuenta que, según la Organización Mundial de Sanidad Animal, hasta el 60% de los patógenos humanos son zoonósicos (es decir, de origen animal), es evidente la importancia que desde el punto de vista de la salud pública adquiere el tema del bienestar animal.

c)  Factores económicos

Un tercer elemento es, sin duda, la comprobación de los costes económicos que conllevan los modelos de ganadería intensiva como consecuencia del trato que reciben los animales, tanto en lo que se refiere a las condiciones de vida en las granjas, como al modo como se produce el traslado al matadero.

Diversos informes señalan que el respeto por el bienestar animal tanto en la granja como en el transporte puede suponer una disminución de los costes de producción de hasta un 17% en algunos sectores (como el avícola), debido al descenso de los índices de mortandad, a la menor incidencia de bajas y sacrificios obligatorios y al ahorro en gastos veterinarios.

A ello habría que añadir el efecto indirecto que puede tener en el consumidor la información de que los productos que adquiere satisfacen los estándares en materia de bienestar animal, lo que indica la influencia de estos valores éticos respecto a los animales en la economía del sector de ganadería intensiva.

El fomento de normas más rigurosas de bienestar animal crea, por tanto, una oportunidad empresarial, lo que explica que muchos empresarios de la industria cárnica ya estén utilizando el bienestar animal en sus actividades de publicidad para diferenciarse de sus competidores y ganar espacios de mercado. El acuerdo entre la asociación AVIALTER (avicultura alternativa) y la asociación de defensa de los animales ANDA va en esa dirección.

El bienestar animal en la Unión Europea

El bienestar animal afecta, además, al comercio transfronterizo, por lo que es un tema que no puede abordarse de manera adecuada únicamente a escala nacional, ya que un planteamiento coordinado a escala supranacional resulta más efectivo que un enfoque unilateral.

Eso explica que el tema del bienestar de los animales se haya incorporado a la política europea. El Tratado de Amsterdam (1997) lo incorpora al reconocer en el artículo III-121 que los animales son seres vivos con “capacidad de sentir emociones”. Más tarde, el Tratado de Lisboa (2007) le daría el máximo rango como principio que debe impregnar las políticas comunes.

Ello se ha plasmado a nivel político mediante diversas estrategias: unas, de carácter general, como la Estrategia Europea de Salud Animal (2007-2013) y la Estrategia Europea de Bienestar Animal (2012-2015), y otras, de carácter específico (en la PAC a través de las condicionalidades exigidas para recibir los pagos directos).

Recientemente, la creación en 2017 por la Comisión Europea de la “Plataforma Europea de Bienestar Animal”, con representación de la UE, las administraciones públicas nacionales, comunidad científica, sector ganadero, industria cárnica, asociaciones de consumidores, y ONGs es indicativa de la presencia creciente de este tema en la agenda política europea (...)

Para leer más sobre el bienestar animal en la UE puede consultarse el artículo publicado en la revista “Ambienta” por el autor de este blog junto a Francisca Castro y Juan Prieto.


https://www.researchgate.net/publication/282007033_Bases_sociales_y_politicas_del_bienestar_animal_en_la_Union_Europea