martes, 12 de abril de 2016

NUEVAS    ELECCIONES

No creo que repetir las elecciones sea un fracaso. Demuestra que nuestro sistema democrático tiene mecanismos para garantizar la gobernabilidad, y que una situación de bloqueo, como la que se produce ahora después de cuatro meses, no amenaza la estabilidad de la democracia española.

Es preferible ir a nuevas elecciones que continuar con la apariencia de una negociación entre dirigentes políticos que han demostrado no tener ninguna confianza unos con otros y que, sólo por miedo, pueden llegar a un mal acuerdo un minuto antes de que acabe el plazo marcado por nuestra Constitución.

No puede salir nada bueno de un pacto en el último momento entre PSOE y Podemos, cuando sus dirigentes han demostrado el profundo poso de desconfianza que les separa, y eso a pesar de la convergencia existente entre sus respectivos programas de gobierno. Sería un gobierno inestable y siempre con el riesgo de ruptura ante cualquier eventualidad de las muchas que suceden en el ámbito de la gestión política.

Tampoco puede salir nada bueno de un acuerdo de última hora entre PSOE-PP-Cs, que premie el inmovilismo de Rajoy esperando recibir los despojos de sus rivales. La gran coalición o algo parecido, si es que llega, debe esperar a que madure por la fuerza de las convicciones de los que participarían en ella, pero no puede estar basada en la resignación de los otros y ser fruto de la frustración.

Todos los partidos han tenido tiempo suficiente para mostrar ante la ciudadanía su capacidad o incapacidad de diálogo, su rigidez o flexibilidad, su inmovilismo o dinamismo. Algunos incluso se han sometido sin éxito a la votación de investidura a sabiendas de que era imposible lograr la mayoría necesaria. Otros hasta se distribuyeron con antelación carteras ministeriales en un alarde surrealista de vender el oso antes de cazarlo

Si no han sido capaces de formar gobierno, es la hora de que los ciudadanos hablemos de nuevo en las urnas. Seremos ahora unos ciudadanos mejor informados que el 20-D, con más conocimiento sobre las virtudes y defectos de los diferentes partidos, y con mayor legitimidad para exigir que hagan público no sólo sus programas electorales, sino también que nos den algunas orientaciones sobre sus posibles políticas de pactos postelectorales (aun sabiendo que eso siempre depende de los resultados). Sea como fuere, seguro que serán unas elecciones más interesantes y útiles que las anteriores.

Habrá probablemente más abstención, y hasta es posible que los porcentajes de voto no varíen mucho, pero los resultados que arrojen las urnas tendrán un efecto diferente. Habrá partidos que, obteniendo un porcentaje similar de votos que el 20-D, tendrán más claro el papel que han de desempeñar en la nueva legislatura y se convencerán de la inconveniencia de intentar repetir pactos que en esta fase no le han llevado a ningún sitio.

Otros habrá que, no obteniendo el crecimiento al que aspiraban, abandonen su estrategia maximalista para acomodarse a la realidad de los hechos y ser más proclives a desarrollar acuerdos de menor alcance, pero más viables. Por último, no faltarán los que, reforzados en las nuevas elecciones, salgan del inmovilismo que les ha caracterizado hasta ahora, ejerzan el liderazgo que no han ejercido en esta fase y ofrezcan alianzas creíbles y aceptables de gobierno.

Creo que, aún en el caso de que los resultados sean similares, nada será igual, empezando por que, si bien puede que sea igual que ahora el cartel electoral, no creo que sean los mismos dirigentes políticos los encargados de negociar la formación del nuevo gobierno.

8 comentarios:

  1. Muy de acuerdo con tus afirmaciones. Me cuesta trabajo entender ciertas declaraciones en las que se pone de manifiesto que una nueva consulta en las urnas es un fracaso del sistema, cuando -todo lo contrario- es una manifestación de salud democrática. Me parece de una mediocridad insondable, que el más rotundo argumento contra una nueva consulta, sea el coste económico de su organización.
    Gracias por tus análisis alejados de la pasión y el sectarismo.

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    1. Muchas gracias Javier por tus siempre atinados comentarios. Un abrazo

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  2. Y quién paga política y económicamente la incapacidadd de los dirigentes de los partidos y de sus organizaciones? Podrán presentarse aquellos que han demostrado que no saben o no quieren dialogar democráticamente para llegar a acuerdos? Y los costes? Quién paga la recampaña? Y los gastos en los que ha incurrido el erario público desde el 20-D hasta el 2-M en salarios y gastos ad hoc? No, no estoy de acuerdo contigo, Eduardo. Desacatar el mandato de las urnas es democrático, claro que sí, pero también lo es penalizar a los que no cumplen el mandato soberano de los ciudadanos. Si no se valora de esta manera el resultado de unas elecciiones, ¿qué le va quedando a la sociedad civil para considerarse parte del sistema democrático? Las penas por delitos como el fraude forman parte de un sistema democrático y es hora de que se le apliquen también a los polīticos y sus acciones en campos como éste. La frivolidad debe estar penalizada en política. Saludos

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    1. Muchas gracias Emilio por tus comentarios. Un abrazo

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    2. Muchas gracias Emilio por tus comentarios.

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  3. Reducir la democracia al formalismo de la carta constitucional y determinar su fracaso o éxito a la virtud de sus mecanismos legales es una abstracción semántica que ya apunta ab initio la circularidad del resultado.
    Si me permites mi opinión, el fracaso no se predica del sistema, sino de los líderes que lo gestionan por cuanto no han ejercido la esencia del sistema que consiste en la búsqueda de consensos, no en la santificación de la dictadura de la opinión mayoritaria, que es lo que en todo momento se ha escenificado tras las elecciones pasadas.
    El análisis legalista podrá enfocar la lupa en el mejor o peor funcionamiento del entramado constitucional. pero el análisis sociológico ha de enfocar la cualidad democrática de los líderes que gestionan el mandato de las urnas. Y es esa cualidad la que desde mi punto de vista se critica como fracasada. Un saludo.

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    1. Yo estoy de acuerdo con Eduardo. En cuanto a diberso, no acabo de entender la referencia a pagar salarios en esta fase interina. Los sueldos hay que pagarlos siempre, creo yo. Sobre el coste electoral se habla mucho, como si fuera la clave de la crisis. Pero si se repiten elecciones es porque el sistema estaba diseñado de tal manera, con consenso, por cierto, de casi toda la sociedad, y para salvar una situación que, en eso estoy de acuerdo, ha retratado la capacidad/incapacidad de los líderes actuales

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