domingo, 28 de febrero de 2016

REVUELTAS  AGRICOLAS  EN  FRANCIA
(publicado en los diarios del Grupo Joly) (04/08/2015)


Las revueltas agrícolas forman parte de la tradición francesa. En su historia reciente, ha sido habitual que el malestar agrícola de nuestros vecinos se haya manifestado en forma de cólera contra los camiones españoles, italianos o alemanes que, cargados de fruta o carne, cruzan la frontera en dirección a los mercados europeos (incluidos los franceses, ya que el mercado único y la libre circulación de productos, lo avala). Siempre he pensado que esos actos vandálicos sólo pueden ocurrir con la relajación e incluso complicidad de las autoridades encargadas de reprimirlos, por lo que procuro leerlos en clave política.

Después de varios años de calma, estalla de nuevo la protesta en la agricultura francesa, y vemos estos días cómo se ensaña con los productos agrícolas procedentes del exterior. Cabe preguntarse ¿por qué ahora?. Intentaré aportar algunas reflexiones que nos ayuden a entender lo que les pasa a los ganaderos franceses (ya que esta vez son los ganaderos los que se rebelan), y de paso comprender la complejidad e implicaciones políticas de este tema.

En general, los agricultores europeos están sufriendo dos problemas en la actualidad. Uno, es el efecto del embargo de la UE a Rusia por el tema de Ucrania (con la correspondiente reacción de Putin), que está causando serios perjuicios a algunos subsectores agrícolas, debido a que se le cierra un mercado emergente como el ruso. Como consecuencia de ello, muchos productores se ven impelidos a acudir a los propios mercados europeos con agresivas estrategias de precios generando una feroz competencia con sus conciudadanos de la UE.

El otro problema es el desequilibrio de la cadena alimentaria, debido a la globalización de los mercados alimentarios y a la desaparición de los mecanismos públicos de intervención y regulación. En ese contexto, los productores agrícolas están a merced de las grandes cadenas de distribución, sufriendo en origen las estrategias endiabladas de precios que en algunos productos están por debajo del coste.

Esos dos problemas son comunes a los agricultores de muchos países europeos, que, según su mejor o menor integración con las industrias, los capean como pueden. Por ello, debe haber algún factor interno que explique la cólera de los franceses. Y ahí tenemos que echar mano de la política. Llama la atención que el propio presidente Hollande, adalid de la integración europea, se haya mostrado comprensivo con las protestas de los agricultores, sin emitir ninguna crítica ante lo que es una evidente violación de la libre circulación de productos en el mercado único europeo.

Para entender lo que pasa hay que tener en cuenta lo siguiente. La primera consideración es que, en Francia, se vive ya en la antesala de unas elecciones presidenciales y legislativas (que tendrán lugar en 2017 y que se prevén muy competidas). En ese escenario, el derechista Front National (FN) sigue sumando apoyos, mientras que Nicolás Sarkozy irrumpe con su nuevo partido Les Republicains, aspirando a quitarle espacio al de Marine Le Pen. En esas elecciones (sobre todo en las legislativas) el voto rural será, como siempre, muy importante, debido al reducido tamaño de las circunscripciones electorales francesas (equivalente a nuestras comarcas). Por ello, ninguna fuerza política, ni siquiera la socialista (tradicionalmente de base urbana), quiere enfrentarse a la protesta agrícola de estos días, mostrándose incluso condescendiente con ella, aunque eso obligue al gobierno francés a tener que dar explicaciones en Bruselas y presentar disculpas en las embajadas de Madrid o Berlín.

En segundo lugar, debe tenerse en cuenta que, en Francia, el “sindicalismo mayoritario”, formado por la poderosa FNSEA y su socio CNJA (jóvenes agricultores), está teniendo cada vez más dificultades para liderar la defensa de los intereses agrícolas. Los sindicatos minoritarios (como el MODEF, la Coordination Rurale o la Confederación Paysanne), que suelen tener presencia en algunas regiones, y en algunos subsectores, pero que nunca han tenido la relevancia de los mayoritarios, comienzan a adquirir un protagonismo creciente. Así, en el caso de las actuales revueltas, el protagonismo lo está teniendo la Coordination Rurale (CR), cuyos vínculos con la derecha política son más que evidentes, especialmente con el citado FN lepenista. Además, la reacción vandálica contra camiones españoles y alemanes va directa al corazón de la integración europea, algo que es coherente con el discurso antieuropeísta que manifiestan los dirigentes agrícolas de la CR y los políticos del FN, alimentado además por la ola de desafección contra la UE que se extiende por todos los países europeos.

Finalmente, otro factor a considerar es que el liderazgo del sindicato FNSEA se está viendo cuestionado por la controvertida figura de su actual presidente Xavier Beulin. No es ganadero, sino gran cerealista (propietario de una explotación de 500 has en la Loiret), y además preside el grupo empresarial Avril (Sofiproteol), un holding presente en el sector de las oleaginosas, de las semillas y de los biocarburantes, con una cifra de negocio de casi 7.000 millones de euros. A diferencia de lo que siempre ha ocurrido en la cúpula de la FNSEA (cuyos dirigentes han solido representar al agricultor medio francés, basando en ello su fuente de legitimidad), el actual presidente Beulin es, sobre todo, un empresario con vínculos con el agrobusiness, lo que despierta recelo entre los ganaderos. Su liderazgo como dirigente agrícola es cuestionado, y más ahora en un momento en el que la cólera se dirige también contra los intermediarios industriales y contra la gran distribución. Ello explica que el sindicato Coordination Rurale (CR) esté canalizando la protesta ocupando el espacio que en otras ocasiones controlaba con habilidad los mayoritarios FNSEA y CNJA.

Estas son algunas claves para entender mejor por qué los ganaderos franceses están produciendo ahora unos actos vandálicos que nos trasladan a etapas que creíamos ya superadas en el marco de la Unión Europea.

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