LIBERTAD DE VOTO Y ABSTENCIÓN
El Comité Federal del pasado domingo resolvió el endemoniado "trilema" que tenía el PSOE acordando, por mayoría de sus miembros, abstenerse en segunda votación para desbloquear la situación política y
facilitar la investidura de Rajoy.
Pero se le abre ahora un nuevo dilema: si obligar
a todo el grupo parlamentario a que se abstenga acatando la disciplina de voto,
o acordar la abstención parcial (abstención técnica) de sólo el número de
diputados que sea necesario para la investidura.
La intención de la actual
Comisión Gestora es persuadir a todos los diputados para que, en bloque, se
abstengan, pero la realidad es que eso ya no va a ser posible después de que el
PSC haya decidido votar en contra. De este modo, la división del grupo parlamentario
es un hecho, una división que podría agravarse si el ejemplo de disidencia de
los socialistas catalanes lo siguen otros diputados contrarios a la abstención.
Algunos analistas, y no pocos
militantes del PSOE, proponen una abstención parcial dejando libertad de voto
para que cada diputado vote en conciencia. Ante esa posibilidad, la dirección
socialista y algunos respetados dirigentes históricos consideran que no tiene
sentido apelar a la conciencia sobre un tema, como el de la abstención, que es
de naturaleza no moral, sino política. Me permito dar algunas opiniones sobre
este asunto.
En general, se puede estar de
acuerdo en que la posición de un grupo parlamentario respecto a un asunto como
el de abstenerse ante la investidura de un candidato de la oposición, es una
decisión política. Pero el caso que nos ocupa (la investidura de Rajoy) tiene
una singularidad tal, que lo convierte también en un asunto de naturaleza
moral.
Los 96 miembros del Comité
Federal que votaron en contra de la abstención lo hicieron con el argumento de
que es “inmoral” facilitar la investidura de un candidato, como Rajoy, que
preside un partido lleno de corrupción y sobre el que, siendo presidente del
mismo, no ha asumido responsabilidad alguna. Es el mismo argumento que seguro
esgrimen muchos parlamentarios socialistas contrarios a la abstención. Son
posiciones que tienen una base moral, y que, por ello, trascienden el ámbito
exclusivo de la política para entrar en el terreno de la conciencia.
Tiene sentido, por tanto, tratar
este asunto como un asunto no sólo de naturaleza política, sino también moral,
y en consecuencia sería coherente con ello que la Comisión Gestora dejara
libertad de voto para que cada diputado socialista actúe según su conciencia en
las votaciones que se van a desarrollar en la sesión de investidura del
candidato Rajoy.
En otras ocasiones, excepcionales bien es verdad, el PSOE ha dejado que sus diputados voten en conciencia, y esta vez la situación es también excepcional, por lo que la Comisión Gestora debería plantearse esa opción como la mejor salida al dilema socialista.
En otras ocasiones, excepcionales bien es verdad, el PSOE ha dejado que sus diputados voten en conciencia, y esta vez la situación es también excepcional, por lo que la Comisión Gestora debería plantearse esa opción como la mejor salida al dilema socialista.
Es, además, una salida que, en
términos prácticos y no morales, resuelve el actual dilema con el menor coste
posible para el PSOE, dado que hay asegurada una mayoría de diputados que se abstendrán,
garantizándose así la aplicación en sede parlamentaria de la decisión del
Comité Federal.
No me parece una posición
inteligente de la Comisión Gestora, esgrimir la disciplina de voto cuando, de
hecho, siete diputados (los del PSC) ya han anunciado que la romperán, y cuando
puede haber algunos más que también la rompan en el momento de la votación.
Aferrarse a la disciplina de voto cuando los métodos de persuasión (sanciones incluidas) no van a ser eficaces, es una posición rígida de alto riesgo, ya que conduciría no sólo a visibilizar aún más la división existente en las filas socialistas, sino a generar un conflicto interno de no fácil gestión.
Aferrarse a la disciplina de voto cuando los métodos de persuasión (sanciones incluidas) no van a ser eficaces, es una posición rígida de alto riesgo, ya que conduciría no sólo a visibilizar aún más la división existente en las filas socialistas, sino a generar un conflicto interno de no fácil gestión.
En definitiva, el sentido del
voto de un grupo parlamentario es, en general, un asunto político que, en
situaciones normales, exige la disciplina de voto para dar certidumbre a la
posición de un partido político.
Pero en momentos excepcionales, como éste, donde se mezclan cuestiones morales y políticas, y cuando la división de grupo parlamentario socialista es un hecho, dejar que los diputados voten según su conciencia, sería una solución no sólo aceptable, sino necesaria para evitar males mayores.
Pero en momentos excepcionales, como éste, donde se mezclan cuestiones morales y políticas, y cuando la división de grupo parlamentario socialista es un hecho, dejar que los diputados voten según su conciencia, sería una solución no sólo aceptable, sino necesaria para evitar males mayores.