ABSTENCIÓN SOCIALISTA E INTERESES GENERALES
(actualizado después de la votación en el Comité Federal del PSOE)
(actualizado después de la votación en el Comité Federal del PSOE)
Entramos en unos días cruciales para que
se produzca el desbloqueo de la actual situación política en España. En el
Comité Federal del PSOE del domingo, se ha decidido por 139 votos a favor y 96 en contra, abstenerse en la segunda votación de la sesión de investidura de Rajoy, lo que facilitará la formación de un gobierno del PP.
Ha sido una sesión impecable en términos democráticos, tras más de 50 intervenciones (unas a favor de la abstención y otras en contra). Consultar a la militancia era una propuesta legítima, pero también la de no hacerlo, ya que los estatutos del PSOE indican que es el Comité Federal el órgano competente en temas relacionados con la política de pactos. Por tanto, el PSOE ha hecho un buen ejercicio de democracia interna. Ahora toca explicar la decisión y asumir las críticas internas y externas que puedan venir.
Ha sido una sesión impecable en términos democráticos, tras más de 50 intervenciones (unas a favor de la abstención y otras en contra). Consultar a la militancia era una propuesta legítima, pero también la de no hacerlo, ya que los estatutos del PSOE indican que es el Comité Federal el órgano competente en temas relacionados con la política de pactos. Por tanto, el PSOE ha hecho un buen ejercicio de democracia interna. Ahora toca explicar la decisión y asumir las críticas internas y externas que puedan venir.
Lo que me interesa aquí es reflexionar sobre el
tema de la gobernabilidad y el interés general, un tema que ha sido tenido poco
en cuenta en este endemoniado carrusel táctico en el que cada dirigente
socialista, cada militante y muchos votantes del PSOE, han hecho sus cábalas y
valoraciones pensando siempre desde una perspectiva de partido.
También este
tema ha estado ausente en la estrategia inmovilista del PP desde el 20-D, una
estrategia guiada por intereses partidistas, esperando que sean los demás
partidos los que se agoten, sin importarle ni un ápice el problema de la
gobernabilidad y los intereses generales del país. Si le hubiera importado, se
habría abstenido ante el pacto PSOE-Cs o incluso habría propuesto otro
candidato distinto a Rajoy en la pasada sesión de investidura.
Centrándonos en el entorno socialista, encontramos,
de un lado, a los que defienden la abstención, y así lo han planteado en el Comité Federal, a entender que es la mejor opción para el PSOE si se quería evitar unas terceras elecciones que conducirían a un empeoramiento de la
situación del partido ante las expectativas de que el PP incremente su apoyo
electoral y Podemos logre el sorpasso que
no consiguió el 26-J. El dirigente extremeño Fernández Vara, uno de los más
firmes defensores de la abstención, ha sido claro en este sentido: “No estamos
eligiendo entre que gobierne o no Rajoy, sino entre que gobierne hoy o lo haga
dentro de 55 días en mejores condiciones que ahora”. Es éste un planteamiento
defensivo con la mirada puesta en los intereses a corto plazo del PSOE.
De otro lado, están los que han venido opinando que no se debe
permitir que gobierne un partido corrupto como el PP, presidido por un
dirigente como Rajoy, cómplice por acción u omisión de los desmanes de la trama
Gürtel o de los papeles de Bárcenas. Esa posición, defendida con firmeza en el Comité Federal, y apoyada aparentemente en una
base ética (es inmoral facilitar el gobierno a Rajoy), está también marcada por
un objetivo táctico (si el PSOE se abstiene, cavará su propia tumba y será
sustituido por Podemos en el liderazgo de la izquierda).
Entre los partidarios de alguna de esas dos opciones
no he escuchado argumentos guiados por el interés general y que vayan más allá
de los intereses partidistas. Salvo alguna excepción (como la de Ramón Jáuregui),
no he oído decir a los actuales dirigentes socialistas que, en ausencia de
mayoría alternativa, la abstención deba justificarse por el objetivo de favorecer
la gobernabilidad de un país como el nuestro sumido en una coyuntura tan
compleja como la actual. Tampoco he escuchado apelar al interés general entre
los que apuestan por la no abstención y el rechazo a la investidura de Rajoy.
Sólo he escuchado posicionamientos tácticos guiados por el interés de partido.
Sin embargo, creo que el tema de la gobernabilidad
y el interés general es relevante y debería haber estado presente en los debates del Comité Federal del PSOE. Una vez tomada, la abstención no debe presentarse como un mal menor, como una mera justificación táctica
planteándola como si fuera algo vergonzante para
el partido, sino explicarla en positivo, en términos de la gobernabilidad y los
intereses generales, y obrar en consecuencia. No sentir vergüenza por
abstenerse, sino hacerlo con el orgullo de contribuir a la gobernabilidad de
nuestro país en un momento tan complicado como el de ahora y ante la magnitud
de los retos que tenemos por delante.
Sólo así el PSOE podrá marcar un territorio
diferenciado respecto a otros grupos (como Podemos) y podrá estar en
condiciones de recuperar ante la ciudadanía la credibilidad como alternativa de
gobierno, aunque ello le suponga costes elevados entre sus militantes. Sólo
desde esa base, la abstención tendrá alturas de miras y no será una decisión política de vuelo bajo pensando sólo en los intereses del partido.
Porque si, guiada por un
objetivo táctico, la abstención queda como una decisión coyuntural para
permitir que Rajoy forme gobierno, pero el PSOE opta, como ya han señalado
algunos dirigentes socialistas (como Iceta o Madina), por una estrategia
obstruccionista en el Parlamento para hacer imposible que el PP gobierne, me temo que el recorrido de la
legislatura será muy corto, y tendremos nuevas elecciones de aquí a un año. Lo
único que se habría conseguido con ello es desbloquear temporalmente la situación
política de hoy, pero para continuar con el bloqueo al día siguiente de la
formación del nuevo gobierno. Para ese viaje, el PSOE no necesita las alforjas
de la abstención, salvo que con ello sólo busque ganar tiempo con la esperanza
de recomponer sus hoy mermadas y divididas bases de apoyo y hacer frente al
empuje de Podemos.
Comprendo que en la lógica interna de todos los
partidos políticos, cuya aspiración es alcanzar el poder, las decisiones se
suelen tomar pensando en los intereses del partido, y así ha sido desde que se
fundó la democracia en Atenas. Pero en partidos con vocación de gobierno se debe
pensar también en el interés general, contribuyendo a asegurar la
gobernabilidad, generando certidumbre y garantizando la estabilidad política.
Y eso, en el caso del PSOE, no sólo consiste en que
el aún primer partido de la oposición se abstenga para, ante la imposibilidad
de armar una mayoría alternativa, facilitar el gobierno del partido que ganó
las elecciones el 26-J. Es necesario, además, que adopte una actitud
colaboradora y apueste por una estrategia basada en la cultura del pacto y el
acuerdo sobre los grandes retos que tiene pendiente nuestro país, en vez
dejarse atrapar por la táctica de Podemos de bloquear desde el minuto uno la
acción del gobierno.
Obviamente, para alcanzar acuerdos es necesario que
el futuro gobierno del PP tenga una actitud favorable a ello, abandonando
posiciones excluyentes y estableciendo puentes con los grupos de la oposición
para abordar materias tan importantes como la reforma constitucional (para
tratar de darle una salida a las tensiones territoriales), la reforma
educativa, la seguridad ciudadana, la lucha contra el terrorismo yihadista, la
reforma de las pensiones o la participación activa en las instituciones
europeas.
La primera prueba de toque se verá en el próximo
discurso de investidura de Rajoy, donde el candidato del PP tendrá
oportunidad de mostrar cual será la actitud de su gobierno para la próxima
legislatura y cómo piensa gobernar en situación de minoría. Ahí, en la sesión
de investidura, Javier Fernández, el presidente de la Comisión Gestora del
PSOE, tendrá también la oportunidad de mostrar ante los ciudadanos qué actitud
van a desarrollar los diputados socialistas en su labor de oposición: si
cooperadora u obstruccionista.
Si el PSOE es capaz de definir en el debate de
investidura una estrategia propia (no seguidista ni dependiente de lo que haga
Podemos) y es capaz de mostrar su voluntad de alcanzar grandes acuerdos de
gobernabilidad con el PP, siempre que éste muestre también una actitud abierta
y colaboradora, le habrá merecido la pena el enorme esfuerzo de abstenerse.
Marcará con ello un territorio propio en su estrategia de oposición, un
territorio acorde con la trayectoria reformista y de vocación de gobierno que
ha tenido el PSOE desde 1978, y que está en la esencia de su ideología
socialdemócrata, aunque ello le genere deserciones entre su militancia.
Pero si la estrategia de la abstención va a
consistir en desbloquear la actual situación política para bloquear más tarde
la acción de gobierno apuntándose a tácticas obstruccionistas y de movilización
permanente, de poco le habrá servido al PSOE abstenerse salvo para ver cómo se
amplían las divisiones y desgarros internos que ha sufrido en estos últimos
meses y cómo se achica su espacio político en beneficio de otros partidos.